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Cayetano Betancur

Bio-bibliografía

 

Cayetano Betancur

 

Cayetano Betancur Campuzano nace el 27 de abril de 1910 en Copacabana, Antioquia. Finaliza sus estudios de bachiller en el Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia y de una vez se inicia allí mismo como profesor de filosofía en 1931, así como empieza también a publicar artículos en dos periódicos antioqueños. Al año siguiente ya es profesor de Lógica en la Universidad de Antioquia y escribe su primer libro: Curso de lógica y metafísica y sociología racional. En 1935 publica “La filosofía en Colombia” en la revista Anales Universidad de Antioquia, y al año siguiente pasa a ser profesor de filosofía del derecho en esta Universidad; también colabora en la fundación de la Universidad Pontificia Bolivariana, donde tendrá la misma cátedra; igualmente este año publica en la revista italiana Scientia el artículo “De una filosofía de las ciencias a una metafísica de la realidad”, entre tantos otros artículos de diversas revistas y periódicos. En 1937 publica su segundo libro: Ensayo de una filosofía del derecho (que fuera su tesis de grado como abogado).

 

En 1938 se radica en Bogotá, inicia su correspondencia con Giogio del Vecchio, e inicia a trabajar en el Ministerio de Relaciones Exteriores (Director del Departamento de Organismos Internacionales). Naturalmente continúan sus publicaciones, sobre temáticas filosóficas, sociológicas y jurídicas, en múltiples revistas y periódicos, de entre las cuales tenemos, por ejemplo, “La estructura óntica de lo religioso” en la revista Universidad Católica Bolivariana. En 1939 es profesor de metafísica en la Pontificia Universidad Javeriana, y entre los artículos publicados este año señalamos: “Lo negativo en el estado actual de la cultura colombiana” en la Revista de Indias. Al año siguiente comienza su correspondencia con Francisco Romero. En 1941 pasa a ser también profesor del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario; es nombrado miembro del Andrha Research Insitute de India.

 

Incansable, continúan sus publicaciones. De 1943 indicamos “Educación en el ser y educación en el devenir” en la revista Universidad de Antioquia. En 1944 traduce, junto a Antonio Bergman, el texto de Heidegger: “Hölderlin y la esencia de la poesía”, publicado por la revista Universidad Católica Bolivariana. En 1945 publica en La revista de Indias “La filosofía en América Latina”. En 1946 escribe el libro Curso de historia de la filosofía, hasta hoy inédito.

 

Contrae matrimonio en 1948 con María Aura Velásquez Echeverri, con quien vendrá a tener ocho hijos. En 1949, de entre tantos artículos publicados señalamos “Abstracción y situación” en la Revista Colombiana de Filosofía. En 1950 es nombrado director del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia, del cual es fundador y primer decano; al año siguiente funda la revista Ideas y Valores, vigente hasta hoy en día. Profesor de lógica y de ética en su Facultad. “América y lo regional ahora” es uno de sus artículos publicados este año, en el periódico El Siglo. También es nombrado miembro de las juntas directivas de dos emisoras de la ciudad de Bogotá. De 1952 señalamos su artículo: “Para una filosofía de lo inconcluso” publicado en la revista Universidad de Antioquia.

 

En 1953 también será profesor de la Universidad Libre, y es nombrado miembro del Instituto de Cultura Hispánica. El Ministerio de Educación Nacional publica su libro Introducción a la ciencia del derecho. Al año siguiente publica “La mujer en la universidad” y “Juan David García Bacca”, entre otros artículos, en el periódico La república. En 1955 gana el Concurso Nacional de Ensayo con el libro Sociología de la autenticidad y la simulación, y publica el libro Conferencias sobre filosofía del derecho. Este año es muy prolijo en artículos de prensa, de entre los cuales destacamos en el periódico La República: “El resentimiento”, “La palabra como realidad”, y en El Mercurio “Desde la época de la Colonia se cultiva en Colombia filosofía”. En 1957 es miembro de la Academia Colombiana de la Lengua; en la revista Universidad Central de Venezuela publica el extenso ensayo “El ser y el consistir”. En 1958 es profesor de lógica en la Universidad de los Andes, y allí publica “La historia del ser y el consistir” en la revista de esta Universidad; y en el periódico La república “La filosofía en Colombia”, entre otros artículos. “Filosofía del ver y del escuchar” y “Dos dimensiones de América” son artículos publicados en 1959. Ingresa a la Sociedad Iberoamericana de Filosofía en 1960.

 

En 1963 publica “Para una lógica del pensamiento imperativo”, de buen recibo. En 1964 el libro Las virtudes sociales; en 1965, “Les premiers principies logiques de l’imperatif” en la revista Archiv für Rechts und Sozialphilosophie. En 1967 publica su Curso de estética y, en la revista OEA, el artículo “Fuentes de la filosofía latinoamericana”. De 1969 es su libro Filósofos y filosofías; de 1974, La vida del derecho, manual del ciudadano … y sin dejar de publicar cada año, fallece el 31 de enero de 1982 en Bogotá.

 

Cayetano Betancur es uno de los más grandes pensadores que ha tenido Colombia, ¡y cuánto hace falta estudiar su prolífica obra!, pero no era sólo un pensador, era un hombre íntegro, lo que se evidencia, por ejemplo, en esta sentencia: “mientras la justicia consiste en dar a cada cual lo suyo, el amor consiste en dar a los demás lo nuestro”, y sus familiares aún recuerdan el talante de ese gran ser humano que era. “Para él, parafraseando a Heidegger, a quien tanto admiró y divulgó, el lenguaje no sólo era la casa del ser, era la casa de todos los que nos acercábamos a él en el acto de compartir”, según nos dice María Elena Bravo de Hemerlin en el “Prólogo” a Cayetano Betancur: una vida para la filosofía, una selección de ensayos publicada por la Universidad de Antioquia en 2006.

 

Filosófia

 

Juan Cepeda H.

 

En Filósofos y filosofías, Cayetano Betancur publica el artículo “Nietzsche y el hombre como cultura” (1969: 15-29), en el que busca identificar cultura y ser humano. Inicia contextualizando la aversión de Nietzsche al cristianismo, pero señalando que no era a todo y/o cualquier forma de cristianismo, sino al germánico, es decir al cristianismo de Lutero y de Kant. Lo fundamental no es la verdad o la ciencia, sino la vida y su sentido, y por ello, dice Betancur, Nietzsche exalta al metafísico que en la historia de nuestra cultura tiene la misión de legislar sobre los seres humanos y sobre el universo entero, más que descubrir y defender verdades, de donde el filósofo alemán se identificará con el ideal del Renacimiento en el que el saber es solamente una parte del ser… el ser total, desde el horizonte de la cultura es, para Nietzsche, el ser humano, por lo que no habría que aceptar un todo, sino buscar que cada ser humano sea todo: toda la cultura vivenciada en cada ser humano es lo que hace al “súper-hombre”. Hay, pues, que creerse sujeto de la cultura total y rechazar la creencia de una totalidad absoluta exterior al ser humano, en Nietzsche.

 

En el mismo libro se encuentra el artículo “Filosofía pedagógica” (1969: 273-295) que viene muy al caso del tema que acá nos ocupa. Veamos. Dice Betancur que la filosofía surge de la admiración y la angustia: ante la admiración de lo que es, que a su vez se hace angustia por si no fuera. ¿Y por qué, de una vez, la angustia? Sencillo: todas las demás ciencias se levantan sobre postulados axiomáticos que descansan sobre los primeros principios, y de ahí les viene su optimismo; pero, en cambio, a la filosofía le corresponde preguntarse por esos primeros principios que son fundamentos de todo lo demás, y de ahí que también se dé la pregunta por si no los hubiera, o por si no fueran esos los fundamentos, y así acaece la angustia, según Cayetano Betancur.

 

Es a la filosofía a la que le competen los saberes de esencia o de razón, los conceptos fundamentales. Pero con esto, Betancur no cae en ese extremo cientificista según el cual solamente le son propios a la filosofía nada más que conceptos y categorías abstractas, totalmente racionales, intelectuales. La cultura del ser humano no puede reducirse a lo meramente conceptual. La percepción universal de los valores, por ejemplo, claro que es universalmente válida, dice, y es en este sentido que el filósofo antioqueño va más allá o viene más acá de lo meramente ratiocéntrico. No es que se dé una negación de la razón en Cayetano Betancur, no, inclusive la razón tiene su primacía, pero la vida no puede reducirse a los límites de la razón humana. Por esto mismo su interés en Nietzsche, en Duns Scoto, y hasta en una comprensión voluntarista de Heidegger basado en la afirmación que este filósofo hace acerca de que la libertad es el principio de la razón.

 

También se detiene en Dilthey, resaltando que así como en las ciencias exactas el método se redirecciona por causas y efectos, en el caso de la Historia, disciplina cuya esencia es cultural, su método va de la comprensión a la interpretación: hermenéutica; y lo que se comprende, se vivencia. He aquí la importancia de lo vital en la tarea del filosofar, y de cómo la vida está a la base de lo cultural: lo comprendido es vivido, afirma. Precisamente, la actitud natural del filosofar se da cuando tras querer entender la realidad ésta se comprende en sus vínculos esenciales con la vida. Hay una conexión entre las raíces de la vida y de la realidad, expresa Betancur.

 

Como un problema cultural central, siempre estuvo presente en la obra de Cayetano Betancur el papel de la mujer, ya en la educación, en la política, y en general en la vida cotidiana. Cuenta de ello dan los diversos artículos publicados a lo largo de su vida académica. Valga señalar que nunca recayó en los problemas del feminismo ni aún en los de género (como actualmente se estudia). Tenía claridad en la identidad masculina como en la femenina, cada una con funciones equitativamente complementarias. Acá solamente queda señalada esta temática para los estudiosos del tema: valdrá la pena detenerse a mirar con detenimiento los aportes que ofrece este pensador colombiano a las discusiones actuales.

 

También se planteó el papel que pueda jugar la universidad en la formación intelectual y en la cultura. Se preguntaba, por ejemplo, “¿Qué función desempeña en los claustros universitarios la inteligencia? ¿Cumple en ellos su función radical de buscar la verdad, de inquerir por la verdad? ¿Saben a la vez esos mismos claustros cuáles son los límites de la inteligencia?” (Betancur, 2003: 4). Varios de los interrogantes con que Betancur cuestiona el ser y quehacer de la Universidad se pueden plantear actualmente a nuestras instituciones, inclusive aquella de cómo puedan darse universidades para la investigación o para la enseñanza (profesionalización), y critica fuertemente eso que las universidades oficiales llaman libertad de cátedra porque puede reducirse a mera publicidad política. Defiende y argumenta la tesis de que la Universidad tiene la tarea de formar seres humanos antes que científicos y caracteres antes que cerebros pensantes.

 

Para finalizar, dígase que Betancur tiene conciencia de que la filosofía colombiana de nuestra época ha estado signada por el pensamiento político, y que normalmente siempre ha sido así; pero también ha sido un serio estudioso de la filosofía en Colombia, señalando obras de pensadores de nuestra Colonia con su marcado acento suareciano, y avanza hasta nuestros días proponiendo así nuestra propia historia de la filosofía. En fin, este es solamente un abrebocas que nos invita a estudiar rigurosamente la producción filosófica de este gran filósofo colombiano.

Juan Cepeda H.

 

Referencias bibliográficas

 

Betancur, C. (1969). Filósofos y filosofías. Bogotá (Colombia), Instituto Colombiano de Cultura Hispánica

Betancur, C. (1955). Sociología de la autenticidad y la simulación. Medellín (Colombia), Secretaría para la Cultura de Antioquia.

Betancur, C. (2003). La universidad y la responsabilidad intelectual, en: Jaramillo, J. El ensayo en Antioquia. Medellín (Colombia), Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín.

 

 

Ontología

 

Juan Cepeda H.

 

La comprensión del problema del ser y los lineamientos de lo que sería su horizonte ontológico pueden rastrearse, en Cayetano Betancur, tanto en sus escritos como en las cátedras que ofreció con estas temáticas. En un ligero recorrido podemos encontrar lo siguiente: Curso de lógica y metafísica y sociología racional (1930), “De una filosofía de las ciencias a una metafísica de la realidad” (1936), “La estructura óntica de lo religioso” (1938), Profesor de metafísica en la Javerina en 1939 y en 1942, “Educación en el ser y educación en el devenir” y “Educación en el ser y educación en los valores” (1943), Traducción de “Hölderlin y la esencia de la poesía” de Heidegger (1944), Profesor de metafísica en San Bartolomé (1945), “Abstracción y situación” (1949), “Juan David García Bacca” (1954), “La palabra como realidad” (1955), “El ser y el consistir” (1957), “La historia del ser y el consistir” (1958), “Kelsen y lo absoluto de la verdad” (1966), Filósofos y filosofías (1969)…

 

También se encuentran textos en los que por sus títulos no pareciera que traten de lo metafísico, pero que al detenerse en sus contenidos se observa el tratamiento ontológico que sigue. Por ejemplo, en “Nietzsche y el hombre como cultura”, Betancur va más allá de Heidegger al comprender la alegría no como un estado de ánimo (propio del Dasein), sino como algo más objetivo, como “una categoría del ser” (2006a: 14), en cuanto que es la vida, comprendida metafísicamente, una especie de fuerza poderosa llena de alegría. Como ya se tocó también, en el anterior artículo sobre cultura filosófica, en el artículo “Filosofía pedagógica” su concepto de filosofía se enraíza sobre el ser y la nada (en cuanto “objetos” de la admiración y la angustia), conceptos totalmente ontológicos.

 

La filosofía no puede partir de postulados y axiomas, como las otras ciencias, sino que busca las primeras causas y los primeros principios: ser y nada. “El filósofo no puede descansar en postulados: ha de remontarse al ser y no dejar campo ninguno sin entender adecuadamente, sin que más allá de ese campo haya todavía algo que preguntar” (Betancur, 2006b: 23). La filosofía, como la religión y el arte, se preocupan del universo entero, todo; pero cada una dentro de su marco de comprensión: con la religión se captan valores espirituales de orden universal cuyo fundamento son la fe y la adoración; con el arte se expresan valores estéticos que emergen de la plasticidad de la vida; la filosofía busca conceptualizar valores de verdad que indican la totalidad de lo que es, la realidad toda, su saber es universal.

 

Pero en Cayetano Betancur los conceptos no se identifican con categorizaciones meramente abstractas y ratiocéntricas; el conocimiento es también percepción sentimental, a veces no conceptualizable, que no por esto deja de ser universalmente válido; el conocimiento es “percepción sentimental de valores que en sí son universalmente válidos”, y “consiste en aprehender en esa forma que le es peculiar la esencia de los seres” (2006b: 27). Se evidencia, entonces, cómo no es una tarea particular de la metafísica o la ontología aplicarse a la comprensión del problema del ser, sino a la filosofía toda, por una razón bastante simple: porque esta es una tarea propia de la inteligencia humana y le corresponde especialmente a filósofo avanzar en estas lides, sea que finalmente se logre o no alcanzar la comprensión total del ser:

 

Es verdad que la inteligencia trata de convertir el ser en conceptos, para operar con el ser por medio de estos; y ésta es una aspiración muy noble; pero aun suponiendo que se llegara a realizar un día, mientras no veamos claro esta adecuada conceptualización del ser, nos estará vedado asignar a la inteligencia tamaña visión (Betancur, 2006b: 31).

 

Tal vez por ello, la investigación del ser deba realizarse por una senda más concreta: la de la realidad y, mejor aún, la de la vida, siguiendo a Dilthey. Tener disposición filosófica es tener las capacidades de encontrar la conexión entre ser y vida. Y acá le da un lugar preeminente a la educación, como forma de acción que nos eleva a la cultura, partiendo de los sentidos: “El ejercicio de los sentidos es el primer lenguaje y sigue siendo el único lenguaje que el hombre posee para decir lo que es” (Betancur, 2006c: 48), los sentidos en estrecha comunión con la inteligencia, dirá él mismo.

 

Como puede deducirse al acercarnos a estos textos, no es que Cayetano Betancur haya hecho una propuesta metafísica u ontológica para la comprensión del sentido del ser; pero es evidente cómo su horizonte de comprensión ofrece un fundamento ontológico desde el cual propone sus propias reflexiones filosóficas, es más: vimos cómo la filosofía misma es de alguna manera una respuesta al asombro y la angustia por lo que es o lo qué tal que no fuera. Sea ésta una primera aproximación que nos invite a estudiar más seria y rigurosamente la filosofía de este pensador colombiano por el que hasta ahora no nos hemos interesado debidamente.

 

Referencias bibliográficas

 

Betancur, C. (2006a). “Nietzsche y el hombre como cultura” en: Cayetano Betancur. Una vida para la filosofía. Selección de ensayos. Medellín (Colombia), Universidad de Antioquia.

Betancur, C. (2006b). “Filosofía pedagógica” en: Cayetano Betancur. Una vida para la filosofía. Selección de ensayos. Medellín (Colombia), Universidad de Antioquia.

Betancur, C. (2006c). “El mundo circundante del hombre y de la mujer” en: Cayetano Betancur. Una vida para la filosofía. Selección de ensayos. Medellín (Colombia), Universidad de Antioquia

 

 

 

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