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Estanislao Zuleta

Bio-bibliografía

 

Estanislao Zuleta

Los pensamientos de Estanislao Zuleta se han transformado poco a poco en mis sentimientos. Sus obras se han solidificado en mis propias realidades, y su vida, de la que trataré brevemente, ha llegado a ser mi propia creación. La verdad, me hubiera gustado conocerlo, saber su modo de mirar, las técnicas que tenía para leer, escucharle acerca del significado de un buen libro; pero lastimosamente debo imaginarme cada cosa con respecto a lo que era, incluso las que relatan sus amigos. Su historia comienza en este escrito en su propia tumba, pues allí tiene grabadas las palabras de Hölderlin que él mismo tradujo del poema La muerte de Empédocles y que pueden describir su alto compromiso y entrega por la belleza de la vida: «Y abiertamente consagré mi corazón a la tierra grave y doliente. Y con frecuencia en noche sagrada le prometí que la amaría fielmente hasta la muerte. Sin temor, con toda su pesada carga de fatalidad que no despreciaría ninguno de su enigmas y me ligué a ella con su lazo mortal». Zuleta fue un intelectual muy especial, pues fue capaz de combinar la vanidad que genera el conocimiento en cuanto que permite entender lo que otros no comprenden quedando al margen de las explicaciones, con la humildad que concede hacer de ese conocimiento una obra para el servicio de la tierra entera.

 

Su emblema como filósofo proviene especialmente de su padre: Estanislao Zuleta Ferrer, quien fue un gran conversador, muy amigo de pensadores como Fernando González Ochoa, amante de la música, y compañero de bohemios, poetas, y pintores reconocidos de la época. Su papá murió a los 29 años en un accidente luego que un avión se estrellara y que diera asimismo como víctima al cantante argentino Carlos Gardel. Según Jorge Vallejo Murillo, su trabajo como intelectual encaminaba la «intención de encontrar la misma y escurridiza veta de oro que se esconde en la penumbra de los socavones del dogma. Zuleta Ferrer lo hacía con el entusiasmo del minero profesional que llevaba en la sangre y era la misma veta que una generación más tarde buscaría su hijo» (Murillo, 2006, 48). Para ese entonces, su hijo contaba con apenas algunos meses de nacido. Estanislao no lo conoció en vida, pero aprendió a amarlo y admirarlo gracias a las reseñas de los amigos de su padre.

 

Estanislao Zuleta Velásquez había llegado al mundo el 3 de febrero de 1935 en la ciudad de Medellín. El niño también resultó un apasionante lector, inclusive siendo adolescente intercambiaba textos, comentarios y reflexiones con Fernando González, generándose entre ellos más que una relación maestro-discípulo, una afinidad donde los amigos aprenden uno del otro. Igualmente se hizo compañero inseparable de León De Greiff y de Fernando Isaza, quienes influenciaron en el joven el gusto y la necesidad de leer autores como Nietzsche y Dostoievski.

 

Pese a su afición por los libros y la cultura en general, su oficio en los colegios donde estudió fue bastante deficiente. Los Colegios Liceo de la Universidad Bolivariana y Liceo de la Universidad de Antioquia, fueron testigos de sus bajas calificaciones y su desfavorable desempeño. Cuando cursaba cuarto bachillerato, impulsado por el desaire que le causaba asistir a las clases como también, y principalmente, por las profundas ideas sobre la vida de Thomas Mann en la Montaña Mágica, decidió abandonar las instituciones educativas y dedicarse a una formación rigurosa como autodidacta.

 

Aunque Margarita Velásquez, su madre, no estuvo de acuerdo, Fernando Isaza y otros amigos cercanos se comprometieron a hacerse cargo del muchacho con el propósito que no gastara su tiempo recibiendo información y datos que poco contribuirían a su crecimiento; y en cambio, aprovechara el tiempo leyendo y conociendo por sí mismo los enigmas de la tierra. Así pues, empezaron a aparecer mares de libros de literatura y poesía en su cuarto, en la mesa de trabajo de su mamá y en cualquier lugar de la casa. Con el pasar del tiempo, «el muchacho había aprendido a leer en serio, es decir, a comprometerse, alegrarse y angustiarse, a examinarse a sí mismo en los contenidos de los textos» (Murillo, 2006, 69). Y en realidad, esta es la manera como se puede experimentar al leer las conferencias y ensayos de Zuleta: él siempre iba al fondo de las conclusiones que lo afectaban al leer.

 

Los amigos que se unieron al desafío de sus estudios fueron Mario Arrubla, Delimiro Moreno, Ramiro Montoya y Virgilio Vargas, quienes años más tarde se convertirían en grandes escritores de Antioquia. Todos mantenían esa actitud crítica que sobrepasa los límites de la aceptación social; en el caso de Delimiro, cuando la Universidad Nacional le iba a entregar el título Honoris Causa, no lo recibió porque ese día estaba programado un partido de fútbol. En general, ellos «no creían que la vida se ganara con títulos y ni siquiera aceptaban eso de que hay que ganársela; ellos querían vivir la vida» (Murillo, 2006, 93). Así mismo, organizaron junto con Gonzalo Arango y Jaime Mejía Valencia centros literarios para evaluar obras de autores que ellos mismos elegían. Con este grupo de estudio lograron visitar Europa, especialmente París, cuyo mayor logro fue conocer la obra de Sartre.

 

Adicionalmente al vicio eterno y delicioso de la lectura, Estanislao y sus amigos también frecuentaron el vino y el cigarrillo, los cuales lo acompañarían hasta el último día de su vida. Una de las bebidas que más les gustó fue Stanislava e igualmente el Catalana. Entre los temas de mayor predilección estuvieron la filosofía, la historia, el psicoanálisis y la literatura. Hicieron periódicos como Crisis donde presentaron sus ideas políticas. Debido a las repercusiones de éstas, Estanislao Zuleta y Belisario Betancourt terminaron siendo amigos de tertulias para comprender los enfoques que el país solicitaba.

 

Zuleta tuvo trabajos como vendedor de libros en una empresa que él y sus amigos habían conformado llamada La Tertulia. Así mismo se desempeñó como docente en Colegios de Bogotá y fue catedrático de la Universidad Libre donde enseñó especialmente el pensamiento de Marx. De la misma manera formó la revista Estrategia donde publicó su reconocido ensayo Marxismo y psicoanálisis. También trabajó como investigador de la Superintendencia de Sociedades Anónimas. Igualmente perteneció a la Universidad Santiago de Cali y a la Universidad del Valle, esta última, el 15 de septiembre de 1980, expidió la resolución 025 que otorgaba el título de Doctor Honoris Causa al maestro Estanislao Zuleta. Ese mismo día, con motivo del reconocimiento recibido, Zuleta pronunciaría su hermoso discurso sobre el Elogio de la dificultad.

 

El 17 de febrero de 1990 muere en su apartamento, producto de un ataque al corazón. Su empleada del servicio, Vicky, lo vio en el suelo con el aspecto de ebrio y alegre que lo caracterizó. Recientemente había cumplido 55 años. Según Vallejo Murillo, la verdadera razón de su muerte es la saudade, que es «una enfermedad que se aposenta en el alma. […] Nada dice la ciencia médica sobre ella, no figura en su vademécum. Sólo la poesía atisba algo sobre su naturaleza, sobre si debe realizarse o no, y si debe, cómo». Con su partida, Estanislao Zuleta dejó como legado la apertura filosófica de una nueva fe inmensa por vivir con firmeza una altísima existencia, donde el verdadero sentido de la vida está en la entrega, en la lucha.

 

Carlos A. Moreno Melo

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Valencia, A. (2009). Estanislao Zuleta o la voluntad de comprender. Medellín: Hombre Nuevo Editores.

Vallejo, J. (2006). La rebelión de un burgués. Estanislao Zuleta, su vida. Bogotá: Norma.

Zuleta, E. (2011). Elogio de la dificultad. En: «Elogio de la dificultad y otros ensayos». Medellín: Hombre Nuevo Editores.

 

Filosofía

 

Estanislao Zuleta siempre buscó un espacio para que la cultura tuviera su propio juego entre el pensamiento y las inquietudes de los hombres y mujeres. ¿Su propio juego? Sí, pues a diferencia del imperio de autoridad que busca establecer el contenido de realidad para aceptación de todos, creyó firmemente que entre la relaciones necesarias de lo conocido, si se hace un esfuerzo y aun se enfrenta al peligro de la angustia, se puede encontrar sentidos desconocidos que superan el conjunto de las definiciones ya constituidas. En realidad, la obra de Zuleta es una fuente de exigencia para promover una cultura de la filosofía que explique, relaciones y analice por qué en determinada sociedad se producen ciertos fenómenos y no meramente indique quién los importó o qué nombre recibieron. En efecto, un estilo cultural que somete la autoridad y el prejuicio a la propia elaboración del pensamiento representa que la identificación del hombre con la estructura social sea de carácter filosófico. Así, Estanislao Zuleta entiende por filosofía la posibilidad de pensar las cosas, de hacer preguntas, de ver contradicciones. Asumo el concepto de filosofía en un sentido muy amplio, en el sentido griego de amor a la sabiduría. Es un filósofo el hombre que quiere saber; el hombre que aspira a que el saber sea la realización de su ser; el hombre que quiere saber por qué hace algo, para qué lo hace, para quién lo hace; el hombre que tiene una exigencia de autonomía. El hombre que está inscrito en una búsqueda de universalidad es también un filósofo, así como aquel que quiere ser consecuente con los resultados de su investigación (2009. p. 23).

 

La cultura al encuentro de la filosofía es la posición del arte como salida de la vida cotidiana que se rige por una pálida simpatía general que no conduce a ninguna parte. Así, salir de la programación rutinaria y seguir un destino diferente que esté en sintonía con los escalones del propio avance, permite en un primer momento «conferirle una significación nueva al mundo» (Zuleta, 2001. p. 122). ¿Significación nueva? Por ejemplo, mientras que en la posición dogmática se considera que el sentir individual es algo descontinuado con relación al progreso y a la civilización ya que no le ofrece resultados al conocimiento universal; en un plano cultual las vivencias no se ponderan falsas, sino que se acentúan como una exploración sobre una verdad.

 

Ahora bien, no puede entenderse este sentido de la cultura como un nuevo compromiso humano que se exterioriza como deber para hacerlo efectivo, pues la búsqueda de este, consiste precisamente en rechazar lo que instala la aspiración estética del hombre y no de crear nuevas tareas obligatorias que terminen por reglamentar a la cultura misma. «El arte, como la filosofía, no es una misión; a nadie se le puede reclamar como un deber no cumplido. Es más bien la salida que a veces se encuentra en los casos desesperados» (Zuleta, 2003. p. 13). En efecto, para Zuleta existe una especie de reposo enfermizo y decadente cuando no hay una posición cultural en los individuos, pues en realidad cuando la costumbre de su servicio a la sociedad es la que impera, no existe un movimiento propio que puede definir un cambio nuevo o impredecible, sino solo es una vida oculta detrás de unas metas que no tienen que ver con su verdadero anhelo.

 

Sin la tentación de convivir con la cultura, el hombre se dispersa en un «trabajo que no hace más que ayudarlo a olvidarse de sí mismo, a ignorarse a sí mismo, a someterse a los dictados y a los valores de una civilización en decadencia que ya no tiene nada que proponer» (Zuleta, 2003. p. 15). La continuidad de una vida de sometimiento a la rutina anula la capacidad del ser humano de desarraigarse de las labores que emprendió en el pasado. Incluso, ante circunstancias trágicas, la falta de deseo por un contenido personal se presenta en una inadvertencia de lo que le sucede en la vida y puede fácilmente seguir rodando en una misma dirección anímica como si nada hubiera pasado.

 

Así pues, el rescate cultural que Estanislao Zuleta reconoce en su búsqueda filosófica hace de su figura una felicidad inquietante, que supera la solemne repetición de la actividad diaria, y se convierte en una aspiración artística que es capaz ya no de una continuidad en el sentido de reincidencia, sino en la capacidad de llevar hasta las últimas consecuencias un trabajo creador que promueve en el individuo mismo relaciones de libertad y sosiego; una vida anímica diferente aflora en el carácter con el que asume el tiempo, pues ya no se encuentra nada dentro de él que quiera detenerlo o apresurarlo, sino que experimenta una fuerte atracción por vivirlo e interpretarlo en su duración en un momento posterior a su desarrollo.

 

La cultura en el hombre abre en su mente una sospecha de que hay algo nuevo en cada intersticio de la existencia. ¿Nuevo? Como una especie de promesa que lo llena de iniciativas para básicamente renunciar a su rutina y trabajar por conquistar la actitud que le permita dedicarse con esmero a lo suyo. Sin lugar a dudas, se trata aquí de un desafío por atreverse a soñar. Para Estanislao, buscar otros niveles más profundos es la tendencia artística que todo ser humano puede comprender en su interior. En efecto, la lucha por las convicciones, incluso el uso de la ironía para dar cabida al peligro de la promesa de una nueva vida con tal de dejar de lado el peligro de dejarse conducir por una autoridad impuesta, tiene su edificación en la denominada salida artística que Zuleta propone.

 

Aunque puede haber una defensa a favor de la costumbre imperiosa que preserva la misma agenda para toda la vida, en función del progreso o las empresas familiares, interesa poco atraer a todos ellos a este estilo de vida; pues para los carentes de estética y fortaleza todo es a la vez sin estética y sin fortaleza. Lo cierto o bien lo urgente, es precisamente que la cultura que excita a la sangre y a la lucha, y que vuelve a los espíritus intrépidos navegantes sobre cualquier tipo de olas, puedan indignarse de la vida que se pierde en la rutina y a su vez, seducirse por la posibilidad de quebrantar las murallas de la repetición superflua, convencidos «felizmente, [de que] aparecen por todas partes tareas que hay que realizar, problemas que es necesario resolver, peligros que tienen que ser previstos y superados» (p. 196). Y todo ello no mediante la conciencia de la insensatez que está agobiada por el sufrimiento diario, sino a través del sentido de un plano cultural nuevo, que si bien no garantiza éxito alguno, por lo menos permite reinterpretar el mundo con otra valoración.

 

Carlos A Moreno Melo

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Zuleta, E. (2001). El Quijote, un nuevo sentido de la aventura. Medellín: Hombre Nuevo Editores.

Zuleta, E. (2003). Homenaje a Thomas Mann. De las falsas oposiciones a las diferencias efectivas. En: Thomas Mann, la montaña mágica y la llanura prosaica. Medellín: Hombre Nuevo Editores.

Zuleta, E. (1997). Huelga. En: Conversaciones con Estanislao Zuleta. Cali: Fundación Estanislao Zuleta.

Zuleta, E. (2009). La educación, un campo de combate. Entrevista de Hernán Suárez. En: Educación y democracia. Medellín: Hombre Nuevo Editores.

 

Ontología

 

Aproximación a la crítica de Estanislao Zuleta

a las dos posturas unilaterales de la metafísica

 

El pensamiento filosófico de Estanislao Zuleta se caracteriza por presentar cierta desconfianza contra los dogmas del conocimiento. Esto es, pone en cuestión constantemente la imagen de lo absoluto que defienden diversas posiciones filosóficas o metafísicas. Ahora bien, la metafísica es comprendida al interior de su obra como la ciencia que estudia y afirma los fundamentos que el conocimiento humano necesita aprehender para postergar su existencia. No obstante, en su libro Leer la náusea, señala de manera crítica, que dicha ciencia consiste en representar una «vaga añoranza de un fundamento cristiano, de un fundamento teológico del mundo, la pretensión de que el mundo sea justificado por alguna misión señalada por un superior [y que] en ausencia de esa misión el mundo aparece absurdo» (Zuleta, 2007, p.65). Esta añoranza de un fundamento teológico que sea capaz de ordenar la realidad es puesta en tensión por Estanislao Zuleta, de ahí, que sea considerado como el pensador colombiano que mayor importancia crítica le ha dado a las manifestaciones metafísicas que buscan construir «el ideal de un sistema cerrado, de un orden de razones, de una seguridad absoluta» (Zuleta, 2007, 60).

 

Su crítica a la metafísica busca señalar que la gran dificultad que ésta ha tenido en la historia del pensamiento consiste en que manifiesta un «anhelo de algo absoluto» (Zuleta, 2007, p. 12). En efecto, el ser humano ha mostrado deseos de instancias absolutas, las cuales sobrepasan el carácter finito y se implican en lo eterno, en lo divino, en lo objetivo y en todo aquello de corte en cuanto tal. De este modo, las tendencias del pensamiento metafísico que conllevan un deseo absorbente por lo absoluto, y, que, en consecuencia Zuleta cuestiona, son las siguientes: por una parte, se encuentra aquella que rompe en definitiva con los sistemas que generan evidencias y seguridades y, por lo tanto, busca desaparecer lo obligatorio; por otra, se halla aquella que pretende imponer una normatividad que no tolere ninguna diferencia ni discernimiento alguno. Así, según el pensador antioqueño:

 

Cuando estas tendencias se contraponen en lugar de fomentarse; cuando la primera no es más que ruptura, desmantelamiento, nacimiento, pero se revela impotente para construir algo nuevo; y cuando la segunda se precipita en una sistematización protectora y cerrada, entonces el pensamiento se vuelve unilateral. Unilateralmente libertario o unilateralmente sistemático. En ambos casos se vuelve contra sí mismo y se convierte en prohibición e imposibilidad de pensar (Zuleta, 2011, 37).

 

Ambas posturas del pensamiento son puestas en cuestión pues trazan una postura de corte esencialista y, por consiguiente, se confrontan radicalmente. Esta posición crítica de Zuleta ante el sentido de univocidad, lo vincula con los desafíos del mundo contemporáneo como una filosofía de alta exigencia para América Latina. En efecto, la advertencia de Zuleta cuestiona el curso hacia los cielos y reinos subyacentes por el sentido absoluto que representa un abandono fraudulento al mundo de la existencia humana. Del mismo modo, dicha advertencia está dirigida al modo de anhelar que se refiere a la oposición más propia de estos términos. En consecuencia, lo absoluto es comprendido igualmente en la negación de las expresiones que no guardan ninguna relación con la finitud, tal como son lo divino o lo omnipotente. Así, pues, mientras que la primera caracterización del concepto de «absoluto» se considera como la inmovilidad y la permanencia, Estanislao Zuleta valora igualmente que sus contrarios, la movilidad y el cambio en un sentido rotundo, esto es, una posición que juzga que nada puede ser cierto, y hacen parte del terreno metafísico.

 

En efecto, el valor crítico sobre el sentido de lo absoluto que se encuentra en ambas posturas, se refiere, por un lado, a la aspiración de la metafísica por las estancias divinas y, por otro, a la propensión por lo espontáneamente relativo. En consecuencia, para Estanislao Zuleta, quienes afirman estar en acuerdo irreversible con alguna de estas dos visiones significa que han asimilado como propia una conciencia metafísica. Emplazar el pensamiento en la idea de lo eterno o en la imagen de lo fugaz de manera unilateral, indica un anhelo en ambas perspectivas por lo absoluto.

 

La primera visión de la metafísica que se ha planteado, esto es, aquella concepción puesta más allá de los sentidos, Zuleta la determina como: «invención del “mundo verdadero”, contra el cambio y la apariencia; [y] como invención de entidades fantasmales, allí donde hay procesos, confluencias, juegos de fuerza» (Zuleta 2009, p.20). Esta definición muestra su mirada crítica sobre las posturas que ambicionan lo absoluto, ya que, en primer lugar, llama invención a las realidades suprasensibles como lo son los reinos que están fuera del mundo que habita el hombre y a otras representaciones desmaterializadas como el alma y el espíritu; en segundo lugar, considera como invenciones todos aquellos ideales de eternidad que desvalorizan los procesos, los cambios, las apariencias, los juegos de fuerza.

 

En el texto Elogio de la dificultad muestra explícitamente la disensión con este tipo de metafísica. Así, considera que todo paraíso al que se le otorgue realidad fuera de su noción misma es inexistente; de manera que los reinos que sean tenidos por eternos hacen parte de un ensueño. Estanislao Zuleta sospecha vigorosamente de estas orbes del más allá, como también, de las actitudes que se someten, en medio de las vivencias diarias, a ideales definitivos, necesarios, garantizados y totales. Por tanto, esta última apreciación que Zuleta establece en cuanto al anhelo por lo absoluto en fórmulas de eternidad, no solamente lo hace en relación con los mundos de ultratumba, sino que también, está hecho con base en las maneras del ser humano que tienden a negar la vida, como son la espera continua por algo, o bien el sentimiento de garantías fijas sobre distintos sucesos.

 

La segunda visión evoca un sentido de la vida de la disolución donde las costumbres se debilitan al máximo. Esta es denominada por Zuleta como la «satisfacción beata del filisteo», esto es, como una renuncia con todo tipo de normas, «normas sin las cuales no habría ninguna interioridad, ni continuidad, sino un ser esclavo del instinto y del instante; y la autoafirmación que trasgrede toda normatividad estrecha, según la ley de su propia autosuperación» (Zuleta, 2009, 21). Así pues, la expresión «satisfacción beata del filisteo» define de forma lacónica el estado de disolución de la vida, puesto en cuestión por Zuleta como un segundo momento del pensamiento metafísico. Este momento hace alusión a los conceptos opuestos de eternidad, divinidad, etc., como puede ser lo desvanecido en un sentido arrollador. De ahí, que, Zuleta, en su deseo de promover al máximo el pensamiento, afirme que lo absoluto en ambos sentidos, sea la dificultad de mayor relevancia que impone la metafísica para el hombre y la mujer se inicien en la filosofía, esto es, en el maravilloso mundo del pensar.

 

Carlos A. Moreno Melo

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Zuleta, E. (2011). Tribulación y felicidad del pensamiento. En: «Elogio de la dificultad y otros ensayos». Medellín: Hombre Nuevo Editores.

Zuleta, E. (2009). Comentarios a: Así habló Zaratustra. Medellín: Hombre Nuevo Editores.

Zuleta, E. (2007). Freud: El arte de la interpretación en la búsqueda de sentido. En: «Ciencias Naturales y Ciencias Sociales». Bogotá: Fundación para la Investigación y la cultura (FICA).

Zuleta, E. (2007). Leer la náusea. En: «Tres rescates: Sartre. De Greiff. El erotismo». Medellín: Hombre Nuevo Editores.

 

 

 

 

 

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