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Jaime Vélez Sáenz

Bio-bibliografía

 

Jaime Vélez SáenzCuando se está haciendo el rastreo bibliográfico para encontrar quién fue Jaime Vélez Sáenz, cuál fue el entorno en donde creció, los recuerdos personales que pueden aquejarle, aparecen entrevistas o escritos de los que se consideraron sus discípulos que recuperan inmediatamente la relación del autor con la filosofía. Él mismo, quien nace en 1913 y fallece en 1990, lo primero que atisba a contarnos sobre sus recuerdos de infancia y adolescencia fue su primer acercamiento a la filosofía, explica que tuvo un buen profesor en esta materia en el Instituto Universitario donde había terminado el bachillerato, en Manizales. Con dicho profesor incursionó en algunos autores de la filosofía moderna. En realidad, resulta curioso que eso sea de lo primero que traiga a colación Vélez Sáenz, como si la filosofía pudiera sustraer en verdad aquellos recuerdos como una pasión capaz de develar de qué forma transformó su vida al primer encuentro y por ello se constituyera en su recuerdo más primario. Sin embargo, su pasión por la filosofía no se queda sólo ahí; después de terminado el bachillerato, en 1932, llega a Bogotá y aunque se carecía de instituciones de filosofía adecuadas, teniendo entonces que estudiar Derecho en la Universidad Nacional, logra asistir a las clases de monseñor Castro Silva sobre metafísica. Este recuerdo y el del momento en donde compra El idealismo fenomenológico de Husserl de Teodoro Celms en una librería de Bogotá son las primeras escenas de su vida por las que nos deja transitar el autor.

 

Al estudiar Derecho confiesa que las únicas materias de su afinidad eran aquellas relacionadas con las doctrinas políticas, el derecho público, las teorías sobre el Estado y filosofía del derecho. Por su parte, Vélez Sáenz expresa: «tuve que contentarme con leer libros de filosofía y estudiarla de manera marginal. Yo no estudié derecho con entusiasmo» (citado en Salazar Ramos, 1988: 11). Sin embargo, la falta de un ambiente filosófico en la facultad de Derecho no le impidió alcanzar tendencias filosófico-jurídicas como las de Kelsen, su compulsión por la filosofía le permitió llegar a un libro de Recasens Siches en el que se presentan las teorías del derecho de distintos autores y a partir del cual empieza a convertirse en un kelseniano puro.

 

Cuando hizo parte del Instituto de Filosofía, cuya fundación había liderado Rafael Carrillo entre otros, Vélez Sáenz tuvo la oportunidad de reunirse con filósofos de la talla de Danilo Cruz Vélez, Luis Eduardo Nieto Arteta, Cayetano Betancur, entre otros, con los cuales realizarían una gran labor filosófica en nuestro país. Sin embargo, la formación de nuestro filósofo dista mucho de los anteriormente nombrados, puesto que él, aunque tenía conocimiento del pensamiento alemán y de la filosofía de los valores, pertenecía a otra escuela. Debido a que en Alemania se encontraban todos los rezagos de la derrota a la que había sido postrada con la Segunda Guerra Mundial, no resultaba ser un lugar accesible para estudiar, de ahí que después de terminar los estudios de Derecho de la Universidad Nacional viaja a Estados Unidos a estudiar Filosofía en la Universidad de Notre Dame donde se gradúa en 1944: «Es probable que en Europa no se hubieran suspendido los estudios en las universidades ni los programas de filosofía durante la guerra, pero sí se quebrantaron, puesto que muchos profesores tuvieron que huir, y muchos de ellos a los Estados Unidos» (Vélez Sáenz en Salazar Ramos,1988: 18).

 

En los años 1948 y 1949, mientras terminaba de hacer su tesis, el autor vivió en Filadelfia, siendo profesor de español en un college. Allí también tomó clases sobre Descartes, Leibniz y el empirismo inglés en la Temple University. Después de esta estancia en Estados Unidos regresa a Bogotá siendo profesor del Instituto de Filosofía; sin embargo, fue un periodo breve ya que por tres años regresaría a éste para ser luego profesor de filosofía en la Universidad de Albuquerque.

 

Posteriormente regresaría a Colombia, viajando a Manizales para ser profesor en la Universidad de Caldas en materias como Filosofía del Derecho, Introducción general al derecho y Derecho constitucional general. Dada la situación política del país, Vélez Sáenz comenta que en ésta última clase les hablaba abiertamente a los estudiantes acerca de las teorías de la democracia sin nombrar al dictador Rojas Pinilla, por lo cual ellos lo abordaban preguntándole si no sentía temor al hablar acerca de esas doctrinas teniendo en cuenta el régimen militar en el que vivían. Sin embargo, debido a que por ese tiempo la universidad misma tuvo una crisis gracias a la renuncia en ese momento del rector Arturo Gómez Jaramillo por una inspección que iba a realizar el ministro de educación de la dictadura, entonces eso provocó la renuncia consecutiva de los decanos de facultades –entre los que se encontraba Jaime Vélez Sáenz–: «El director de La República, Silvio Villegas […] me pidió que hiciera unas declaraciones sobre lo que estaba sucediendo en Manizales y, efectivamente, en ellas hice unas críticas contra el gobernador y el poder central» (Vélez Sáenz citado en Salazar Ramos, 1988: 20). Con sus declaraciones y con su renuncia en solidaridad con el rector, los estudiantes comprendieron la orientación que seguía el profesor en su clase de derecho constitucional. Hacia 1956 vive en Bogotá viajando en 1959 a Paris, un año después de iniciado el Frente Nacional. En la Sorbona las influencias fueron otras, pues allí siguió unos cursos con el sociólogo Gurvitch sobre la noción de la clase social de Marx, otro con Reymond Aaron –autor del famoso libro sobre filosofía de la historia. Aaron escribió mucho y mantuvo en su juventud estrechas relaciones con Sartre, con quien rompió por su tendencia filocomunista, pero tiempo después se reconciliaron. Asistí también a unas conferencias semanales que daba Jean Wahl sobre uno de los aspectos de la lógica de Hegel, pero desafortunadamente él estaba muy viejo y sus clases las dictaba cansado y encorvado sobre el texto. Muy ocasionalmente escuché unas dos conferencias de Ricoeur y otras de Merleau-Ponty (Vélez Sáenz en Salazar Ramos, 1988: 18).

 

Respecto de su magisterio, Vélez Sáenz lo ejerció hasta 1974, cuando se jubiló después de haber sido profesor de la Universidad Nacional, la de Caldas, la del Valle y la University of Albuquerque en Estados Unidos. Por los años 50 se levantó una oleada de protestas estudiantiles que no fueron muy gratas para nuestro autor; sin embargo, lo compensaba tener estudiantes que lo llevaran a intensificar el estudio de algunos temas filosóficos. Aunque fue profesor de filosofía, eso no le impidió crear sus propias opiniones respecto de ciertas ideas filosóficas; no obstante, sus colegas y muchas veces compañeros de tertulias lo consideraron como la figura más amable y quizá más participativa de los diferentes encuentros filosóficos a los que asistió, caracterizado, además, por esa compulsión constante en pro de la comprensión de distintos problemas filosóficos.

 

Lady Viviana Chicuazuque Ávila

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Salazar Ramos, Roberto. (1988, julio-diciembre). Jaime Vélez Sáenz o la persistencia en el realismo trascendental. Cuadernos de filosofía latinoamericana. Del derecho a la filosofía, 36-37, 7-46.

 

Filosofía

Jaime Vélez Sáenz hizo parte del grupo de intelectuales colombianos que promueven la incorporación de las corrientes filosóficas de la academia occidental al pensamiento colombiano. Aun cuando su formación no se dio inicialmente en Alemania como en el caso de otros filósofos colombianos de la talla de Danilo Cruz Vélez, la exigencia que implicaba para Vélez Sáenz la comprensión de problemas filosóficos le posibilitó estar al tanto de lo que se producía en Europa para así poder transmitirlo. Ahora bien, el ámbito en el que se desarrolla el aporte del autor a la cultura colombiana se da primeramente en un plano educativo, pues sus enseñanzas se daban desde temas como metafísica hasta filosofía del derecho o incluso filosofía analítica; poseía un conocimiento envidiable de la historia del pensamiento: «era el tipo de clase magistral. Pero siempre estaba dispuesto a la discusión que alguno de sus alumnos quisiera promover o a la aclaración que fuese necesario introducir» (Sierra Mejía, 1990: 6). De igual forma, no se dejó encasillar dentro de una determinada corriente filosófica, sus artículos y ensayos dejan entrever la amplitud de temas filosóficos que abordaba.

 

Ahora bien, aunque el autor no fue quien tuvo la iniciativa, por ejemplo, de la fundación del postgrado en Filosofía del Derecho en la Universidad de Caldas, él sí contribuye en alguna forma a poner en marcha dicho postgrado. Algo similar ocurre con el Instituto de Filosofía en la Universidad Nacional, el cual fue fundado con la gestión de abogados humanistas liderados por Rafael Carrillo, aunque Vélez Sáenz no estuvo desde sus inicios en dicho instituto, llegó a ser una figura significativa en éste. Pero más allá del plano educativo, otro ámbito en el que se desarrolla el aporte a nuestra cultura es el filosófico. Al respecto Roberto Salazar Ramos comenta que lo que promovieron filósofos colombianos como Vélez Sáenz fue la búsqueda de una órbita por la cual la filosofía en nuestro país tomara una especie de autonomía. Tal autonomía de la filosofía tuvo que enfrentarse a determinadas posiciones religiosas y políticas que influían en nuestra cultura en general.

 

Desde hoy veo más claramente que las posiciones reinantes eran absolutamente simplistas: los liberales tenían que ser, por ejemplo, positivistas, ya sea spencerianos y comteanos, y esas eran sus ideas filosóficas; por su parte, los conservadores tenían que depender de la filosofía escolástica, del tomismo principalmente […] la filosofía ha ganado un cierto espacio autónomo frente a las ideas políticas de los partidos y frente a las creencias religiosas (Vélez Sáenz citado en Salazar Ramos, 1988: 14).

 

De ahí también el aporte a la cultura colombiana, el autor fue un promotor de lo que llamamos secularización, independización y normalización de la filosofía respecto a la doble tendencia que orientaba intelectualmente a nuestro país. Sin embargo, aunque podemos reconocer esta autonomía de la filosofía para la década de los 40 en Colombia, en la década de los 50 la situación va a ser diferente, ya que la violencia político partidista sacudió al país además de la presencia de militares en el poder. Para Vélez Sáenz aunque hubo insinuaciones de hostigamiento a algunos docentes, un elemento a su favor es que el gobierno no le daba mucha importancia a la filosofía.

 

¿Cómo se materializa este esfuerzo de Vélez Sáenz por una secularización de la filosofía en Colombia? Pues bien, una evidencia palpable que poseemos en la actualidad son los ensayos filosóficos del autor, quien no fue muy prolífero en publicaciones porque –según él mismo lo reconoce– no poseía facilidad para escribir: «Cuando escribo algo no puedo impedir criticarlo a fondo: me parece que está mal, que tengo que repetirlo, que no tiene interés, etc. Y ante este tormento el desgano que me da para escribir es tremendo» (Vélez Sáenz citado en Salazar Ramos, 1988: 25). Sin embargo, cuando el autor se retira de la docencia, en 1974, le da el espacio suficiente y necesario a la escritura de esos diez o doce ensayos, dejándonos la enseñanza de que «Ni la especulación sin medida ni el análisis sin matices nos permiten alcanzar el pensamiento filosófico creador» (Sierra Mejía, 1990: 8.). Ahora bien, los temas sobre los cuales versaron los textos de Vélez Sáenz son el contenido del bien común en la ciudad a partir de los postulados de Aristóteles y Santo Tomás, en esa misma línea política un análisis sobre la filosofía de Maritain o un abordaje sobre la teoría pura del derecho en Kelsen; por otro lado, sus intereses también estaban ligados a la ética, además de trazar en sus textos un fuerte horizonte metafísico.

 

Lady Viviana Chicuazuque Ávila

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

García Jaramillo, Leonardo. (2007, diciembre). Normalización filosófica y ética de la técnica. Revista Aleph. Recuperado el 1 de febrero de 2015 en: http://www.revistaaleph.com.co/component/k2/item/160-normalizacion-filosofica-y-etica-de-la-tecnica.html

Salazar Ramos, Roberto. (1988, julio-diciembre). Jaime Vélez Sáenz o la persistencia en el realismo trascendental. Cuadernos de filosofía latinoamericana. Del derecho a la filosofía, 36-37, 7-46.

Sierra Mejía, R. (1990, abril). Elogio de Jaime Vélez Sáenz. Ideas y valores. Universidad Nacional de Colombia. Recuperado el 1 de abril de 2015: http://www.bdigital.unal.edu.co/24594/1/21783-74603-1-PB.pdf

 

Ontología

Teniendo en cuenta el carácter metafísico que le imprime Vélez Sáenz a sus escritos, aun cuando estos versen sobre temas como filosofía del derecho o la ética analítica, y teniendo presente, además, que las funciones de la filosofía se encuentran para el autor tanto en la epistemología como en la metafísica, aparece el interrogante por cómo en realidad vienen a vincularse estas funciones con la filosofía de la ética o del derecho mismo, y más aún, cómo entiende lo metafísico nuestro autor. Si bien es cierto, su interés primordial no es el del problema del ser en cuanto ser, la importancia que le da Vélez Sáenz a la metafísica se presenta porque ésta en cuanto saber primero, se encarga de articular racionalmente los momentos constitutivos últimos de la realidad, lo cual contribuye para llegar a responder problemas de orden político y ético. Tomando como caso particular los fundamentos metafísicos de la ética, el autor hace una crítica a la comprensión que se tiene de la noción de “fundamento”, pues éste no solamente debe atender a la causa de un determinado efecto, o a las premisas de una conclusión:

 

También se tiene como fundamento de un hecho, un proceso, una situación las condiciones necesarias y/o suficientes en virtud de las cuales hecho, proceso, condición, estado de cosas se han producido. Adviértase que causa y condición son cosas diferentes. En general, cuando se habla de fundamento de algo suelen confundirse los diversos significados de este término. Ahora bien, por lo que hace a la ética, la libertad, por ejemplo, es decir, la posibilidad de decisiones libres por parte del ser humano, es una condición –en el sentido que acabo de darle a esta palabra– para que haya vida moral; ella la hace posible y permite hacer responsable al agente moral (Vélez Sáenz citado en Salazar Ramos, 1988: 32).

 

La filosofía de la ética, de igual forma, puede llevar al análisis de problemas metafísicos como, por ejemplo, el de la noción de bien, pero el acercamiento a dicho problema implica para el autor moverse también en dos planos distintos que no necesariamente se oponen: uno es el del conocimiento moral que surge a partir de la reflexión filosófica y el otro se encuentra en el nivel de la acción concreta: «Basta que las razones sean del tipo de las que una conciencia moral corriente pueda invocar en la vida práctica para optar por una conducta moral de preferencia a otras» (Vélez Sáenz citado en Salazar Ramos, 1988: 32). Ahora bien, teniendo en cuenta que la conducta moral le corresponde exclusivamente al hombre, cuando se está hablando de una fundamentación en la ética, ésta se entiende no como una fundamentación ontológica, sino antropológica que eventualmente puede llevar al reconocimiento de cuestiones metafísicas: «dentro de los límites de una determinada metafísica, o quizá más exactamente, de un determinado sistema filosófico básico, pueden caber algunas concepciones generales del hombre, pero no todas las que se han conocido en la historia del pensamiento» (Vélez Sáenz citado en Salazar Ramos, 1988: 33).

 

Vélez Sáenz no se queda sólo en disciplinas como la ética y el derecho, pues justamente se reconoce como uno de esos autores que no se aferran a una escuela específica, sino que más bien procura estar abierto a los distintos problemas filosóficos, de ahí que sea necesario resaltar el análisis que hizo de las categorías y su función en la ontología, pues en esa búsqueda del hombre por indagar cuáles son los aspectos que constituyen todas las cosas y que las hacen ser lo que son, deviene en filosofía la elaboración de ciertos conceptos que apalabran esos momentos últimos de la realidad, los cuales fueron denominados por los antiguos “primero principios y causas de las cosas” o también, alrededor de la historia de la filosofía, son llamados categorías. Así pues, conceptos tales como cantidad, cualidad, tiempo, espacio, sustancia, accidente, entre otras, han permanecido en las diferentes épocas y tendencias del pensamiento filosófico. No obstante, Vélez Sáenz termina advirtiendo que la metafísica no es, como se le critica, puro platonismo, sino que ésta es más bien una intrametafísica o intrafísica, pues las categorías nombradas evidencian que no se trata de algo que vaya más allá de lo físico desprendiéndose de la realidad, sino que más bien dichas categorías están incorporadas al mundo natural y lo rigen, encontrándose dentro del mundo físico y no más allá de él.

 

la ontología no tiene por qué merecer la crítica que se le puede hacer de que, como metafísica, es una ociosa duplicación de un mundo real por un mundo de ideas separadas del primero. Duplicación semejante se encuentra en la filosofía de Platón, bien se sabe. Pero no la hay en una ontología que se proponga descubrir los elementos a priori que configuran las cosas reales en sí mismas, en su propio ser, no en un más allá de ellas. ‘Trascendental’ no quiere decir más allá de las cosas, sino simplemente de los aspectos empíricos de lo que nos es dado por la experiencia de las cosas (Vélez Sáenz, 1988: 225).

 

Aquí se asienta una crítica a Heidegger, si bien este autor hace un análisis del Dasein, su interés principal no es antropológico, sino que es ontológico. En ese sentido, Vélez Sáenz identifica que en Heidegger no hay una ontología con base en categorías, de ahí que termine cuestionando el olvido del ser en el que recayó la filosofía en Occidente en cuanto que tenía puesta la vista en el ente: «es posible que en Heidegger haya una especie de meta-metafísica, pues en alguno de sus escritos póstumos trata de encontrarle una base que está más allá de lo que ahora se había supuesto como fundamento último de la filosofía y de las categorías mismas, más allá de lo cual no puede ir el pensamiento» (Vélez Sáenz citado en Salazar Ramos, 1988: 36).

 

Ahora bien, para nuestro autor hay una gran diferencia entre la crítica de Heidegger a la metafísica, en tanto que éste propicia un acercamiento más radical a aquella, que a la crítica del positivismo y la filosofía analítica hacia la metafísica. Para el caso de estos dos, en el artículo “¿Identidad de los indiscernibles? Una objeción a Russel y Ayer” se encarga de mostrar, precisamente, cómo el tema de la individualidad viene a ser un problema metafísico sobre el que Russell recae. Por otra parte, Vélez Sáenz aclara que el individuo viene a ser un problema para la metafísica clásica en cuanto que ésta buscaba saber qué hace al individuo ser tal; no obstante, ¿tiene relación lo anterior con el principio de individuación trabajado en la filosofía medieval? Pues bien, explica Vélez Sáenz que el principio de individuación –el cual posee una relación con el problema de los universales, en tanto que dicho principio es planteado no porque se moviera en el plano de lo singular, sino en el de los universales– deviene ante la inquietud de cómo puede estar presente la noción universal “hombre” en un individuo humano.

 

Lady Viviana Chicuazuque Ávila

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Salazar Ramos, Roberto. (1988, julio-diciembre). Jaime Vélez Sáenz o la persistencia en el realismo trascendental. Cuadernos de filosofía latinoamericana. Del derecho a la filosofía, 36-37, 7-46.

Vélez Sáenz, J. (1988, julio-diciembre). La función de las categorías en la ontología. Cuadernos de filosofía latinoamericana. Del derecho a la filosofía, 36-37, 209-226.

Vélez Sáenz, J. (1988, julio-diciembre). ¿Identidad de los indiscernibles? Una objeción a Russel y Ayer. Cuadernos de filosofía latinoamericana. Del derecho a la filosofía, 36-37, 144-156.

 

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