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Julio Enrique Blanco

Bio-bibliografía

 

Julio Enrique Blanco De la Rosa

 

Julio Enrique Blanco nace en Barranquilla el 17 de mayo de 1890, hijo de Pedro Blanco y Martina de la Rosa. Estudia primero en el Colegio León XIII de los agustinos, y luego en el Colegio Americano. En 1907 viaja con su familia a Nueva York, e inicia la redacción de una biografía intelectual, cuyos apuntes finalizarán en 1920. Allí estudia a los clásicos de la ciencia moderna: Bacon, Hume, Comte, Spencer, Darwin y Haeckel. En 1910 regresan a Colombia y Julio Enrique escribe “Epitesis del concepto de sustancia”. En 1911, a sus 21 años de edad inicia la traducción de algunas obras de Kant, de entre ellas la primera: Prolegómenos a una metafísica del porvenir. De 1913 se cuentan varios escritos, por ejemplo: “Apuntes para una idea de método” y “Proyecto de una metafísica inductiva”. “De la causalidad en biología” data de 1916; “Necesidad, contingencia y vida” de 1917; “Del universo y de la vida” de 1919. Julio Núñez Madachi acota hasta acá su primera etapa, de formación.

 

Luego vienen diez años de interés marcadamente metafísico. En 1920 viaja a Alemania, y en 1921 escribe el tratado de Historia comparativa de los sistemas principales de la filosofía. En 1927 viaja por el Mediterráneo y Oriente, va redactando un lineamiento racional de la filosofía que revisa y retitula en 1929 como Metafísica de la inteligencia y que será la ocupación de toda su vida.

 

A partir de 1930, con total claridad de lo por hacer publica avances de sus investigaciones que responden precisamente a ese su proyecto personal de filosofía metafísica universal. De entre los textos publicados tenemos: de 1937 “Nueva sustentación de la metafísica” y “Diálogo de cosmogonía en torno al éter y la entropía”; de 1938 “Diálogo sobre Haeckel. Crítica de la cosmogonía haeckeliana”; de 1942 “Técnica de la traducción” y a su vez traduce varios textos de Goethe; de 1945 “La filosofía en América”; de 1946 “Para una metafísica de la teología” y “Metafísica de la poesía”; de 1952 “Tres epístolas a Luis López de Mesa”, “La filosofía como consciencia genérica e histórica del hombre” y “Mi especulación vitalicia de la filosofía”; de 1956 “Decadencia por necedad de la filosofía”; de 1957 “Notas para una crítica del concepto de inteligencia de Kant”; de 1960 “Consideraciones en torno a la metafísica del cuarto Evangelio”; de 1963 “Mitografía heideggeriana”; de 1973 Nea-apo-kalipsis y “Einstein y el problema del absoluto”.

 

De la Autobiografía de una inteligencia solitaria en la que Blanco se va exponiendo en sus propias reflexiones se pueden entresacar algunos datos que nos ilustran la comprensión de sus investigaciones: el parágrafo 7, del cuaderno 7, redactado en 1913, es titulado “El retorno de mi parte a las viejas cuestiones de la metafísica” que giran alrededor de la apuesta kantiana. En el parágrafo 11, sobre “Menesteres metafísicos: etiología, teleología, teología y ontología” escribe:

 

Las dilucidaciones anteriores me conducen a reconocer que ellas obedecen a menesteres metafísicos ineludibles de saber la causa por el cual se dan una existencia y una sapiencia, y ambas tienden a una meta o fin. Es lo que por tanto se refiere a una etiología o tratado especulativo de la finalidad del ser y del saber, así como se refiere a una teología, o tratado también especulativo de la divinidad de la causa de esa finalidad, que entonces para en teleología, o tratado así mismo especulativo de esta causa en cuanto final, para culminar en la ontología, o tratado que especula sobre todos estos modos causales del ser” (Blanco, 2014: 211).

 

Y en esto insiste Blanco una y otra vez, diciendo, recapitulando e insistiendo que más allá del principio de no contradicción, del principio de razón suficiente, y aun del principio de identidad, lo que él busca es el principio del ser y del saber del cual derivan los tratados citados, a los que sumará en el parágrafo 14 el tratado de epistemología, y por ello su interés en un método adecuado (parágrafos 14 a 19) para “hacer posible el ahonde o profundización en la esencia radical del ser y del saber” o metafísica de la inteligencia pura “que genera el ser para llagar al saber” (Blanco, 2014, 217), y que en concreto se verá cómo

 

Partiendo de los datos que ofrecen ciencias modernas como la física, la química, la biología, la neurología y la psicología, infiera lo que se da como causalidad, o actividad causal del ser, más allá, mucho más allá de lo que esas ciencias pueden enseñar. Tal metafísica vendría a ser, pues, la propiamente inductiva (Blanco, 2014: 227), y que en el parágrafo 23 (insístase, de su Autobiografía correspondiente a 1913) va a denominar Metafísica de la inteligencia, de donde queda evidente que su concepción ya está clara para esta fecha, que continúa pensando y que redactará entre 1927 y 1929, pero que continuará su desarrollo a lo largo de toda su vida. Todo su esfuerzo radicó en fundamentar una metafísica como ciencia epistemológicamente elaborada sobre los aportes de la filosofía trascendental de Kant y la teoría de la relatividad de Einstein, y es así como se comprende que su bio-bibliografía responde a esos intereses, definidos inclusive de manera autobiográfica.

 

Referencias bibliográficas

 

Blanco, J. E. (2014). Autobiografía de una inteligencia solitaria. Cuaderno 7 de 1913, en: Duque, N. & Isaza, J. Obra en Blanco. Notas sobre la filosofía de Julio Enrique Blanco. Manizales (Colombia), Universidad de Caldas.

 

Filosofía

 

Juan Cepeda H.

 

Qué sea la filosofía para Blanco es cosa compleja de resolver. Ya en 1909, a sus 19 años, escribió “Estupor, filosofía y poesía”, nota que hace parte de su Autobiografía, en el que identifica la filosofía con un saber especial lejano a la mentalidad elemental. El análisis de nociones, según Blanco, es lo propio del filósofo, y ello exige una particular rigurosidad a la que no se aplica el hombre común. Pero este pensamiento riguroso tampoco es propio de los que comúnmente llamamos filósofos, pues los científicos también avanzan en sus investigaciones con la misma exigencia no solo conceptual sino estructural.

 

Esta idea de crítica nocional o de análisis conceptual resulta siendo, en la práctica, el ejercicio mismo de la filosofía en Julio Enrique Blanco. Digamos que metodológicamente ahí tendríamos la esencia de la filosofía para este filósofo caribeño. Pero temáticamente también se complementa su concepción de filosofía, ya que para él los problemas propios del filosofar han sido desarrollados por los sistemas filosóficos evidenciados históricamente ya por su aceptación o rechazo.

 

Ahora bien, la explicación del origen y desarrollo de una noción introduce, además de mostrar la influencia del legado nocional, casos de discrepancia con las propias nociones y divergencia con respecto a los resultados. Este punto de quiebre evidencia la influencia obligante e inconsciente de motivaciones nocionales y necesidades muy peculiares, producto de estas motivaciones. También parece una manera de preguntar, no solo por el contenido de la noción, su lugar dentro del legado nocional, sino por su motivación, hasta dónde llega y por qué se detiene (Duque & Isaza, 2014: 36).

 

Pero, aunque para Blanco también es necesario un proceso de discriminación de las nociones, y las clasifica como religiosas, científicas, metafísicas o filosóficas, todas vendrán a integrarse a nivel epistemológico (lo que exige la aplicación de un método riguroso, indudablemente), y en definitiva resultan siendo metafísica (también comprendida como un concepto asumido críticamente y no, por ejemplo, con lo que es comprendido en la tradición escolástica; al fin y al cabo todas las nociones deben someterse a la discriminación crítica de su contexto histórico y motivacional). En este contexto, tienen toda la razón Nicolás Duque y Jhon Isaza cuando en sus juiciosas investigaciones afirman:

 

Es posible que la idea que mejor resuma el proyecto filosófico inicial de Blanco sea la idea de que la filosofía es un pensar sobre nociones y que el trabajo filosófico da cuenta de la manera como las nociones varían, se fundamentan y ceden el lugar a otras nociones, evaluando la forma como los legados nocionales, principalmente metafísicos, experimentan la influencia de los legados nocionales de la ciencia (2014: 54).

 

No hay, pues, en Blanco una escisión insalvable entre ciencia y filosofía. Hay un telos que las van conduciendo hacia la comunidad epistemológica del saber y que de alguna manera le da consistencia ontológica, como el mismo Blanco piensa cuando plantea su Metafísica de la inteligencia.

 

Para Julio Enrique Blanco la metafísica es inductiva: parte de los saberes de la física acerca de la constitución de la naturaleza, avanza por los saberes de la química y la biología en los que se explican procesos nerviosos y síquicos en los hechos mentales, que finalmente se comprenden espiritualmente y se sistematizan en la filosofía. Pero Blanco va más allá: los menesteres metafísicos, como él los llama, no se quedan en una sola dirección, sino que van de la naturaleza al espíritu y vuelven del espíritu a la naturaleza, como él mismo lo señala en el parágrafo 23 de su Autobiografía.

 

Aunque en 1938 Julio Enrique Blanco publica la Utilidad pedagógica de la filosofía, por lo difícil que es a veces su lenguaje, los neologismos que va construyendo, e inclusive su propia visión de la filosofía, “no es de extrañar que esa inmensa obra de Blanco, que comprende un centenar de tratados filosóficos, y más de un centenar de ensayos científicos y de cultura general, se mantenga en su mayor parte inédita y se haya elaborado en la más silenciosa soledad” (Núñez, 1985: 23).

 

Referencias bibliográficas

 

Blanco, J. E. (1938).Utilidad pedagógica de la filosofía. Barranquilla (Colombia), Imprenta Departamental.

Blanco, J. E. (2014). Autobiografía de una inteligencia solitaria. Cuaderno 7 de 1913, en: Duque, N. & Isaza, J. Obra en Blanco. Notas sobre la filosofía de Julio Enrique Blanco. Manizales (Colombia), Universidad de Caldas.

Duque, N. & Isaza, J. (2014). Obra en Blanco. Notas sobre la filosofía de Julio Enrique Blanco. Manizales (Colombia), Universidad de Caldas.

Núñez, J. (1985). “Dimensión metafísica de la inteligencia” en: Huellas n° 14. Barranquilla (Colombia), Universidad del Norte.

 

Ontología

 

Juan Cepeda H.

 

Para hablar con rigurosidad de la ontología de Julio Enrique Blanco indudablemente debe hacerse un barrido, primero general y luego específico de esta disciplina, en toda su obra; sin embargo, ya son conocidas las dificultades actuales para asumir esta tarea. Así que, por ahora, baste hablar del sentido ontológico que en sus textos puede evidenciarse, y el primero de ellos, muy general, tal vez sea que precisamente lo ontológico está dado en la integralidad metafísica de todo lo que es, cuyos saberes se van compendiando epistemológicamente sobre la base de los conocimientos de las diversas ciencias todas, incluídas la teología, la sicología, las físico-químicas, y la filosofía.

 

En Blanco, están a la base las llamadas ciencias exactas, y es sobre los conocimientos “sólidos” de estas disciplinas que se inicia la construcción epistemológica de todo lo que es. Blanco expone los principios válidos de las ciencias exactas que, según Eduardo Bermúdez (en un texto inédito) son: “ley de la entidad cuantitativa y conversión recíproca (física); acciones recíprocas de la materia (mecánica); a través de toda combinación y cambio material, nada se crea ni se pierde (química)”, todas conforme a un fin: “el de la armonía del mundo con las humanas facultades cognoscitivas” (Blanco, 1917: 175).

 

Pero esa armonía del mundo tiene su “agujero negro” en el alma humana: es la sicología la que le hace exclamar en interrogantes sobre el sentido de la existencia: “¿Para qué la vida, si las más bellas cualidades que ennoblecen al hombre han de tornarse en nada? ¿Para qué la superioridad de espíritu, la perfección moral, la promoción incesante del entendimiento, si todo ha de pasar como ráfaga ligera que consigo nos arrastrará a la noche oscura del no ser?” (Blanco, 1918: 438), porque toda esa armonía óntico-ontológica universal puede perder su sentido en la conciencia de aquel sujeto que es capaz de comprenderlo. De nada podrían servir todos los saberes científicos y todas las explicaciones neuro-biológicas si no se explicita un sentido de ser:

 

El problema de si vale la pena seguir viviendo, conocida nuestra mortalidad y la inutilidad de todo esfuerzo humano, debe entonces resolverse de otro modo; y tenemos que confesar nosotros, expuestas nuestras ideas en lo que antecede, que sólo vemos uno, o sea el modo de resolver dicho problema diciendo que quizá la vida es justificable si, considerando cada cual como un medio por donde la naturaleza universal de las cosas trasciende estas cosas mismas y se da como conciencia de ellas, conciencia cuya claridad o realidad puede alcanzar siempre, más y más, en grado infinitamente mayor, si, considerando cada cual así, decimos, cada uno se encuentra en la posibilidad de alcanzar a la realidad máxima del ser, en este hecho, y en la conciencia de ello, y en el placer de saberlo, la vida, aunque transitoria, se justifica (Blanco, 1918: 439).

 

Así, pues, tenemos a un filósofo interesado en lograr una armonía epistemológica que no desatienda los conocimientos científicos ni culturales, pero con un sentido teleológico marcadamente ontológico, aunque en sus propios términos sea conceptualizado como metafísico. No es otro el interés de la obra clave de toda su vida, la Metafísica de la inteligencia:

 

Tal metafísica vendría a ser, pues, la propiamente inductiva que, sobre la base de lo que la física enseña de la constitución de la naturaleza, de lo que la química y la biología enseñan para explicar los procesos nerviosos y psíquicos, vendría a enseñar cómo y por qué se cumplen los hechos mentales que se suman en las conciencias particulares para integrarse a los espíritus y, por estos, a sistematizarse en filosofías (Blanco, 2014: 227),

 

y a integrarse en una ontología que aunaría todo lo que es, incluídos los sentires humanos, los saberes y conocimientos culturales y científicos, y la realidad toda también enriquecida por lo religioso y teológico, disciplinas que Blanco siempre enunció como partícipes de esa gran sistematización que buscó avanzar y completar y que solamente podemos encontrar en sus obras cual retazos que deberían irse uniendo hasta poder vislumbrar ontológica o, mejor, metafísicamente en su completud.

 

Pésame

 

No puedo finalizar este escrito sin pronunciar la gran tristeza que me causa la xenofobia cultural en contra de los así llamados “cachacos”: he solicitado, una y otra vez, a René Campis, a Eduardo Bermúdez, a Endri Martín, a Fidel Llinás, entre otros colegas de la Costa Caribe, y no ha sido posible tener una copia de la Metafísica de la inteligencia de nuestro filósofo colombiano Julio Enrique Blanco, muy a pesar de que algunos de ellos ya la tienen, pero que debido a prejuicios culturales se puede evidenciar más cierto egoísmo académico que el deseo de estudiar y valorar los aportes de ese gran pensador caribeño por el que, es verdad, pocos nos hemos sabido interesar.

Juan Cepeda H.

 

Referencias bibliográficas

 

Blanco, J. E. (1917). “De la causalidad biológica I”, en: Sotomayor & Stein (Eds). (2003). Voces 1917-1920, vol. 1. Barranquilla (Colombia), UniNorte.

Blanco, J. E. (1918). “De Herbart a hoy”, en: Sotomayor & Stein (Eds). (2003). Voces 1917-1920, vol. 1. Barranquilla (Colombia), UniNorte.

Blanco, J. E. (2014). Autobiografía de una inteligencia solitaria. Cuaderno 7 de 1913, en: Duque, N. & Isaza, J. Obra en Blanco. Notas sobre la filosofía de Julio Enrique Blanco. Manizales (Colombia), Universidad de Caldas.

 

 

 

 

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